Hemos sabido que estos veedores salieron desconcertados con las palabras del mandatario sobre un eventual fraude.

Nunca antes en nuestra historia republicana habíamos visto que la primera autoridad administrativa de gobierno apoyara tan osadamente a un candidato presidencial como ahora. Si bien es cierto que Iván Cepeda no era el elegido inicialmente por la Casa de Nariño, los resultados de la consulta partidista del año pasado y los tropezones políticos de Pinturita y Roy inclinaron la balanza estatal y el pedal populista —con subsidios masivos y un alza del 23% del salario mínimo— a favor del candidato continuista del Pacto Histórico.

No es un secreto que Cepeda es un mal candidato, que tiembla ante los debates electorales y rehúye a los periodistas. Se siente tan inseguro con su inflamado verbo castrista que prefiere leer sus intervenciones políticas, las cuales compendió en una publicación como si fuera un programa de gobierno, que no lo es. El verdadero candidato tras bambalinas es Petro. Las encuestas evidencian que la favorabilidad y el rechazo del uno son el espejo del otro. Petro y Cepeda son cara y sello de la misma moneda: la cara socialista la representa Petro y el sello comunista lo simboliza Cepeda. Esta moneda de cuero viejo de circulación nacional es puro populismo, estatización y asamblea constituyente.

Petro y Cepeda lideran las encuestas para la primera vuelta del 31 de mayo, pero no alcanzan a ganarla por un margen variable, lo cual preocupa. La segunda opción presidencial es el Tigre, el abogado penalista y empresario Abelardo de la Espriella, quien asumió las banderas de seguridad del uribismo. Por errores internos de campaña, Paloma se desplomó en mayo y perdió la opción de pasar a la segunda vuelta. La liza electoral será entonces entre Abelardo y Petro-Cepeda. Mi voto será por Abelardo. Desde el Pacto Histórico le apuntan a ganar en la primera vuelta, pues saben que en el balotaje están perdidos.

Las más recientes encuestas respaldan esta afirmación. La amenaza real es el fraude que Petro ha anunciado a los cuatro vientos, incluso en la reciente reunión con 300 observadores internacionales congregados en la Casa de Nariño. De fuente directa hemos sabido que estos veedores salieron desconcertados con las palabras del mandatario sobre la eventual ocurrencia de un fraude oficial anunciado por el propio alto gobierno.

El otro peligro electoral tiene que ver con las alertas del ICP Hernán Echavarría Olózaga sobre la interferencia de las bandas criminales asociadas a la adulteración del certificado electoral, restricciones de movilidad, coerción al votante y la presencia de grupos armados en municipios de riesgo, con un potencial de 494.434 electores.

Para prevenir el fraude, además de la veeduría de los candidatos, la Misión de Observación Electoral tiene 3.766 personas acreditadas en 515 municipios. La Corporación Democratia Global aporta 8.402 observadores civiles acreditados en 32 departamentos y ocho países para vigilar la elección presidencial.

¡Alea iacta est!

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