Al desconocer la victoria electoral del Tigre, Cepeda peló el cobre y reveló su naturaleza de mal perdedor.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado domingo se desarrolló en calma y democracia. Lo bueno, además de la admirable victoria del Tigre y José Manuel Restrepo con 10,4 millones de votos (43,73%), fue la eficiente labor de la Registraduría Nacional, encargada de la organización y vigilancia del proceso electoral a nivel nacional y regional.

Las votaciones fueron -como dispone el Código Electoral- la expresión libre, espontanea y veraz de la voluntad de los 23,9 millones de colombianos que acudimos a las urnas para ejercer nuestro derecho constitucional de elegir al presidente y vicepresidente de la nación para el período 2026-2030.

Recordando que el Censo Electoral vigente es de 41,4 millones de connacionales habilitados, la participación electoral de la primera vuelta fue de 57,7%, las más elevada de la historia.

El balotaje del 21 de junio próximo se realizará contra el segundo en la contienda presidencial, el candidato marxista, Iván Cepeda Castro, quien obtuvo 9,7 millones de votos (40,91%).

Lo malo de la jornada electoral tiene que ver con el comportamiento antidemocrático del presidente Gustavo Petro, quien tiene en su contra diez expedientes abiertos en la Comisión de Acusaciones de la Cámara por indebida participación en política.

Petro se despojó de su dignidad presidencial como si fuera un líder de oposición y desconoció por primera vez en la historia los resultados del preconteo electoral de la Registraduría, realizado antes de que concluyera el escrutinio oficial iniciado el domingo en la noche. El soponcio político de Petro es una cortina de humo para tapar con un dedo el triunfo electoral del Tigre y su fórmula vicepresidencial.

La supuesta adición de 850 mil cédulas al Censo Electoral 2026 pretende anularle igual número de votos al Tigre para arrebatarle el primer lugar en las pasadas elecciones. Las desatinadas críticas de Petro al Censo Electoral riñen con los datos ciertos y únicos publicados oportunamente por la Registraduría.

Lo feo de la primera vuelta electoral fue el abandono de la máscara de cordero tranquilo, sereno, ponderado e inofensivo de Cepeda, quien anteriormente leía pausadamente sus intervenciones públicas. Ahora, Cepeda dejó ver sus afilados dientes cincelados con hoz y martillo, como si fuera un dirigente del comité central de un partido comunista caribeño.

Al desconocer la victoria electoral del Tigre, Cepeda peló el cobre y reveló su naturaleza de mal perdedor. Al afirmar -falazmente- que él es “la máxima fuerza política”, pretende alterar los resultados electorales, que le fueron adversos.

Al repudiar el tradicional preconteo de la Registraduría, que en las pasadas elecciones escasamente tuvo un desfase del 0,2% respecto del escrutinio oficial, Cepeda evidenció su talante autocrático. Para terminar, Cepeda anunció que solo cuando las comisiones escrutadoras dejen aclarado estos asuntos, se van a pronunciar sobre los resultados electorales.

ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH

Miembro del Consejo Directivo del ICP.

andresespinosa@inver10.co

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