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Petro y Cepeda están alineados en torno a la convocatoria de la asamblea constituyente. 

El trampantojo, proveniente del francés trompe-l’œil, es una ilusión plástica o política con la cual se engaña al ojo a plena luz del día, haciéndole ver lo que no es.

En las pinturas de Dalí y Magritte encontramos obras surrealistas con ejemplos estupendos de este recurso. En el mundo de la política contemporánea, Gustavo Petro, socialista, e Iván Cepeda, marxista, exhiben una particular fascinación por el trampantojo y sus efectos sobre la ciudadanía.

Durante los días decisivos de la campaña presidencial de 2018, Petro cinceló en mármol las tablas de la ley —como Moisés en el monte Sinaí— prometiendo que “no convocaría a una asamblea constituyente”.

El trampantojo de Petro pretendía engatusar a Mockus y a numerosos tecnócratas afines a la socialdemocracia para que se unieran a su campaña y votaran por él. Hace cuatro años, este caudal de ingenuos, actualmente arrepentidos, apoyó la campaña de Petro y contribuyó a su elección presidencial.

En marzo de 2024, Petro anunció en Cali que era necesario convocar a una asamblea constituyente. Su argumentación giraba en torno a los supuestos bloqueos institucionales de las Cortes, el Congreso y el Banco de la República, que le impedían llevar a cabo las reformas sociales de su gobierno.

En febrero de 2025, Petro lanzó de nuevo su propuesta constituyente, pero esta vez de iniciativa popular. En diciembre del mismo año, respaldó al comité promotor de la constituyente por firmas para presentarla al nuevo Congreso en el próximo mes de julio.

Este proceso siguió su curso, sin prisa y sin pausa, hasta la derrota electoral en primera vuelta del candidato comunista Cepeda —alter ego de Petro, su segundo yo—, el aspirante a la continuidad del desgobierno petrista. Petro y Cepeda acordaron un nuevo trampantojo en la Casa de Nariño el 3 de junio: suspender temporalmente la recolección de firmas de la constituyente para intentar remediar el revés electoral del 31 de mayo.

En su escueto programa de gobierno —compendio de más de un centenar de discursos leídos en plaza pública—, Cepeda menciona en 23 ocasiones la necesidad de avanzar con un “acuerdo nacional soportado en el poder constituyente y la movilización social”.

Petro y Cepeda están alineados en torno a la convocatoria de la asamblea constituyente. Su principal objetivo, como astillas del mismo palo, es crear un nuevo modelo económico —como el cubano— “donde el Estado tenga la mayor participación en la producción y el reparto de las ganancias en una economía popular, asociativa, cooperativa y solidaria”.

La propuesta del comité promotor constituyente proyecta convertir al Emisor en un banco de fomento de la producción y el empleo, en detrimento de la estabilidad monetaria y el control de la inflación. Esto imitaría el modelo de Venezuela, que se tradujo en hiperinflación, la destrucción del bolívar, el exilio masivo de ciudadanos y la universalización de la miseria.

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