De La Espriella reactivó la lucha del Estado contra el narcotráfico, incluida la aspersión de los cultivos de coca.
A raíz de la extinción de los carteles de Medellin, Cali y del Norte del Valle a comienzos de los años noventa, las Farc y el ELN se repartieron el lucrativo negocio de la cocaína con los carteles mexicanos, principalmente de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Las narcoguerrillas colombianas se quedaron con los cultivos nacionales de coca, la importación de precursores químicos, los laboratorios de producción de cocaína y su tránsito inicial en las fronteras del Caribe, Pacífico hasta México y Venezuela.
Según Naciones Unidas, los carteles colombianos son, además, importadores y mayoristas en el Viejo Continente, posicionamiento que les otorga un mayor margen de ganancia respecto de la distribución en Estados Unidos, ventas que son dominadas por los carteles mexicanos. Ahora bien, estos carteles, además de financiar la fase primaria de la producción cocalera colombiana, introdujeron mejoras agronómicas que han aumentado la productividad por hectárea.
La evidencia estadística comprueba que el principal acicate del aumento de la producción y la exportación de cocaína a los mercados desarrollados de Norte América, Europa y Asia, obedece a la estrategia de la narcoguerrilla de las Farc implementada durante el acuerdo de paz (2012-2016). A mediados de diciembre de 2014, Iván Márquez, vocero de las Farc -ahora narcoguerrillero- leyó pausadamente desde La Habana el decálogo de exigencias para pasar a la fase final de las negociaciones del proceso de paz, que incluían en su punto sexto, la obligación de suspensión de la aspersión aérea de los cultivos de coca con glifosato. El equipo negociador del Gobierno aceptó esta pretensión fariana, sin examinar sus ominosas consecuencias.
Las Farc sabían que el posconflicto armado requería una garantía de financiación para su retaguardia narcoguerrillera de 10.574 milicianos, encabezada por dos miembros del secretariado, Iván Márquez y Jesús Santrich, y su pretendida transformación de Colombia en un narco-estado. La cesación de la aspersión aérea con glifosato de las siembras cocaleras se desarrolló meses después.
En mayo de 2015, el Consejo Nacional de Estupefacientes, CNE, aprobó con una mayoría de siete votos a favor y uno en contra del procurador general, Alejandro Ordóñez, la Resolución No. 6, que ordenaba la interrupción en todo el país de la aspersión aérea con glifosato para la erradicación de cultivos ilícitos, previamente autorizada por el CNE en 2003. Los estudios usados entonces tomaban los resultados de la Agencia de Investigación contra el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, los cuales equiparaban al mismo nivel, como cancerígenos, el glifosato, el café caliente y el secador de pelo.
Según lo propuesto en campaña, el presidente Abelardo De La Espriella reactivó la lucha del Estado colombiano contra el narcotráfico, incluida la aspersión área de los cultivos de coca, elementos exigidos para la renovación de la certificación contra las drogas ilícitas de EE. UU.”.
Andrés Espinosa Fenwarth
Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co