La victoria del Tigre, Abelardo De la Espriella, y de su fórmula, José Manuel Restrepo, mantiene una ventaja.
La victoria en la primera vuelta del Tigre, Abelardo De la Espriella, y de su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, mantiene un amplio margen de ventaja para la segunda vuelta del 21 de junio en todas las encuestas electorales.
La realidad, evidenciada por Gustavo Bolívar del Pacto Histórico, es que la campaña de Iván Cepeda -el candidato presidencial de la Casa de Nariño y del Partido de gobierno- le apostaron sus denarios y esfuerzos electorales para ganar en la primera vuelta y perdieron estrepitosamente.
No solamente fracasaron en su intento de llegar al solio de Bolívar, sino que pasaron al balotaje en un incómodo segundo lugar, después del Tigre. Las caras largas que se veían en el vetusto Salón Rojo comunista del Hotel Tequendama el 31 de mayo, eran la confirmación de una derrota histórica sin atenuantes, que dejaba a la campaña de Cepeda-Quilcué, sin energía ni estrategia. Pasada una semana -de las tres de diferencia con el balotaje- y ante la inminencia de un nuevo descalabro electoral el próximo domingo, se inició una cruzada sucia de todo vale contra el Tigre y José Manuel.
Después de puntear en las encuestas durante seis meses consecutivos, la feria de las vanidades que los tenía enceguecidos como si fueran victoriosos, le cedió el paso a una seguidilla de tretas y engaños, como la suspensión estratégica de las firmas para la convocatoria de una asamblea nacional constituyente; seguidos del activismo judicial, que frenó a tiempo la Corte Suprema de Justicia, que pretendía prohibir el eslogan y el saludo ‘Firmes con la Patria’, el uso de la camiseta de nuestra Selección y los símbolos patrios en la recta final de la campaña presidencial del Tigre; del prevaricato por acción de la presidente -militante del Pacto Histórico- de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, Gloria Arizabaleta, suspendida por la Procuraduría General por tomarse atribuciones del Senado y proferir un acto ilegal para suspender al jefe de Estado para que pudiera salir a la plaza pública para hacer campaña política por su candidato, como era su deseo; del rechazo de una demanda por parte del Consejo de Estado, que procuraba anular la inscripción de Abelardo como candidato presidencial por su doble nacionalidad, como la tiene Petro; del burdo agravio de la senadora Quilcué, quien para justificar su inexplicable ausencia en un debate con José Manuel por el Canal 1, lo acusó de “racista” y de querer “fanfarronear la superioridad que cree tener”.
El próximo domingo, póngale la segunda raya al Tigre en el tarjetón electoral contra la narcopolítica y la corruptela oficial, en defensa de la democracia, las libertades, la separación de poderes, la economía de mercado, la soberanía minero-energética, la independencia de la Rama Judicial, del Emisor y de Ecopetrol.