Después del ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, los incidentes antisemitas se han incrementado de forma dramática a nivel global, particularmente en el Medio Oriente, Asia, Europa, Norteamérica y Suramérica, incluidas la Venezuela chavista y la Colombia petrista. De acuerdo con la última encuesta Global 100, realizada por la Liga Antidifamación (ADL), fundada en Estados Unidos en 1913, el 46 % de la población adulta del mundo —un estimado de 2,2 mil millones de personas— alberga actitudes antisemitas profundamente arraigadas, más del doble en comparación con la primera encuesta mundial de la ADL, realizada hace una década, y el nivel más alto registrado desde que la ADL comenzó a rastrear estas tendencias globales.
La encuesta ADL Global 100 es el estudio más completo sobre la preocupante emergencia antisemita de nuestro tiempo en 103 países, equivalente al 94 % de la población adulta mundial. El sondeo reveló que el 20 % de los encuestados de todo el planeta nunca ha oído hablar del Holocausto. El 48 % reconoce la exactitud histórica del Holocausto, pero la cifra desciende al 39 % entre los jóvenes de 18 a 34 años. Los encuestados menores de 35 años tienen elevados niveles de actitudes antisemitas (50 %), 13 puntos porcentuales más que los encuestados mayores de 50 años, lo que evidencia una tendencia preocupante de antisemitismo entre los jóvenes.
A pesar de las alarmantes actitudes antisemitas y el explícito desconocimiento del Holocausto, los datos de Global 100 destacan que los gobiernos pueden contar con el apoyo de una mayoría favorable del 57 % de los encuestados a nivel mundial, que reconocen que el odio hacia los judíos es un grave problema global. Esto también es cierto para la mayoría de los encuestados en las siete regiones geográficas evaluadas, los distintos grupos de edad, niveles de educación y orientaciones políticas.
Para combatir eficazmente el auge del antisemitismo, es necesario denunciar a los gobiernos y a los políticos como Petro y Sánchez, que promueven el antisemitismo; proteger a las comunidades y las sinagogas judías; promover la tolerancia religiosa y facilitar la asimilación de las comunidades judías a las sociedades nacionales.