Es menester votar por el candidato que tenga el mayor caudal electoral.

La metáfora popular —‘Como es el padre, es el hijo’, del latín Qualis pater, talis filius— se aplica por entero a Clemencia Vargas Umaña, la hija única del presidente de los colombianos que no fue, Germán Vargas Lleras. 

En las sentidas y abarrotadas honras fúnebres realizadas en la Catedral Primada con pompa y circunstancia por la Guardia Presidencial, se sintió la presencia y la voz acongojada pero firme de su hija Clemencia. Sus palabras, pronunciadas con un profundo sentir de patria en el portón del Palacio de San Carlos, aún retumban en el firmamento cubierto de luto, frío y gris, de la capital de la República. 

Clemencia Vargas le agradeció al país todo el homenaje tan especial que le hicieron como jefe de Estado a su padre, Germán Vargas Lleras. Él pensaba que “liderar y gobernar no es prometer, sino cumplir y ejecutar”. 

Así lo hizo durante su larga, íntegra y provechosa carrera como ilustre servidor público en el Consejo, el Congreso y el Gobierno Nacional. Clemencia aseveró que en Colombia hoy día lo que hace falta es una gran unión para salvar el país, y añadió que el mayor legado de Germán Vargas Lleras para recuperar a Colombia es “no entregarle el país a Cepeda y a sus secuaces”.

Las palabras tienen, cada una, su propio valor, y valor también adquieren por quien las dice y cómo se dicen. 

Esta triple corona se aplica con fuerza como el último deseo de un gran hombre, abogado y político, que pensaba y actuaba siempre en procura del interés nacional. Más aún si se trata, como en este caso, de su legado, por definición, trascendente y duradero. Podríamos añadir que, para no perder a Colombia, como manifestaba Clemencia Vargas, no podemos “entregarle el país a Cepeda y a sus secuaces”. 

Estamos a menos de dos semanas de la primera vuelta de la carrera presidencial para llegar a la Casa de Nariño. No es la hora de remilgos ni pequeñas causas o egos personales que nublan la visión ciudadana, como si fueran un espeso pterigio ocular. 

Nuestros ojos lucen obnubilados por la confusión y el caos, desorientación ciudadana derivada del negativo impacto de la Ley Mordaza, la persecución oficial —autocrática— a los encuestadores y la prohibición legal impuesta a los sondeos electorales. Para preservar la separación de poderes, la supervivencia de la democracia y las libertades individuales y empresariales, resulta esencial “no entregarle el país a Cepeda y a sus secuaces”. 

En la actual coyuntura, con un gobierno socialista que le pavimentó la plataforma continuista para que el comunismo se apodere de las instituciones nacionales, es menester votar por el candidato que tenga el mayor caudal electoral para derrotar a “Cepeda y a sus secuaces” en la segunda vuelta.

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