Zapatero se transformó en el arquetipo de la corruptela del socialismo hispanoamericano.
José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno socialista de España entre 2004 y 2011, conocido por sus clientes con los motes de “zorro, ZZZ, Zapa, colitas, jefe, Mr. Bean y nuestro pana”, ha sido la lámina política de la izquierda española y latinoamericana, mal llamada progresista.
Sin embargo, de tiempo atrás se han sentido las piruetas punibles del abuso de su influencia y red de contactos para beneficio de su peculio personal y familiar. Durante los últimos dos años, el acervo probatorio en su contra no para de crecer; ahora pica y se extiende desde su despacho pagado por su partido político, el PSOE, ubicado en la madrileña calle de Ferraz 70.
Desde allí, Zapatero controla los hilos del poder socialista, y según se ha podido saber por las investigaciones en su contra, opera también el centro de coordinación de la red de corrupción, ocultación y facilitación delictiva que, por primera vez en la democracia española, recae en un expresidente de gobierno.
Las indagaciones realizadas por la justicia española, con el apoyo investigativo de Estados Unidos, Francia y Suiza, permiten evidenciar la existencia de una organización criminal liderada por Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias y empleo de sus relaciones personales ante autoridades españolas y del exterior, con el objetivo de obtener ventajas económicas a favor de terceros, los clientes de sus presuntos trabajos de asesoría.
En el centro de esta estructura de corrupción, se encuentran Zapatero – imputado por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, delitos fiscales, falsedad documental, contrabando y organización criminal – su esposa Sonsoles, inculpada por recibir transferencias bancarias de la pecaminosa trama, y las sociedades de sus dos hijas, Laura y Alba, también acusadas, quienes eran usadas para fabricar documentos y facturas de sus supuestas consultorías, red familiar que hacía parte de un entramado de empresas de lavado de canonjías en varios continentes.
Julio Martínez -amigo de Zapatero, testaferro, lugarteniente y su financista, apodado Julito-, confesó ante el juez de instrucción de la causa contra el expresidente, que Zapatero “marcaba los pasos a seguir” en el caso de corrupción más sonado: el rescate del gobierno español de la minúscula aerolínea venezolana Plus Ultra – ¿pus ultra? – por 53 millones de euros.
Salvamento aprobado por el gabinete ministerial del presidente socialista, Pedro Sánchez. La gestión de Zapatero, que llamaban eufemísticamente “acompañamiento” en la facturación, lo hizo acreedor de honorarios del 1% del valor del auxilio estatal desembolsado a favor de Plus Ultra, equivalentes a 530 mil euros, pagados de forma diferida a través de empresas de su testaferro para evadir su rastreo.
Así pues, Zapatero, quien sigue indicando que el centenar de millonarias alhajas encontradas en su oficina fueron un ‘regalo de cortesía personal’, se transformó en el arquetipo de la corruptela del socialismo hispanoamericano.
ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH
Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co