El presidente electo De La Espriella anunció su determinación de recuperar el control territorial.

Después de una extenuante campaña presidencial, que se inicio el año pasado con un centenar de aspirantes y numerosos muérdagos políticos, la mayoría del pueblo colombiano eligió el pasado domingo en las urnas -en paz y en democracia- al Tigre Abelardo De La Espriella, presidente y a José Manuel Restrepo, vicepresidente para el cuatrienio 2026-2030.

Como colombianos, debemos sentir orgullo patrio por el impecable trabajo electoral de la Registraduría Nacional, entidad oficial de postín de talla mundial que, con velocidad, eficacia, técnica, transparencia y sapiencia electoral, produjo un preconteo que favorece, sin atenuantes, a la fórmula electoral de Abelardo y José Manuel.

La victoria del 21 de junio es histórica por muchas razones. La verdadera contienda electoral era, de un lado, escoger entre democracia, libertades, economía de mercado y defensa de la institucionalidad, virtudes todas representadas por Abelardo y José Manuel, y del otro, optar por el comunismo, estatización de los medios de producción, gobernanza narcopolítica y pauperización económica y social, banderas todas enarboladas con la mano izquierda por el candidato presidencial derrotado del petrismo, Iván Cepeda.

La victoria electoral es dulce. El discurso del triunfo del presidente electo de la Espriella, pronunciado desde el blindaje de la Ventana al Mundo en Barranquilla, colmó todas las expectativas en materia política y de seguridad, elementos centrales del próximo gobierno.

El presidente electo De La Espriella, al proponer la reconstrucción del gobierno y del Estado, reiteró su férrea defensa de la institucionalidad, y en particular, su apego al espíritu y la letra de la Constitución Nacional de 1991, que juró defender “con extrema coherencia para evitar que la destruyan”, como ha pretendido, desde hace meses, el petro-cepedismo.

En materia de seguridad, el presidente electo De La Espriella anunció su determinación de recuperar el control territorial por parte del Estado y perseguir sin cuartel, sin impunidad, ni zonas vedadas, todas las organizaciones criminales y narcotraficantes, incluida la corruptela oficial, que “se roba los recursos del pueblo”, quienes, todos, “responderán por cada crimen cometido”.

El presidente electo De La Espriella le ofreció todas las garantías al candidato perdedor, senador Cepeda, para que asuma desde el Congreso Nacional la vocería de la oposición dentro del marco constitucional y legal. Rechazó de plano la posibilidad de una tercera vuelta en las calles para presionar con movilizaciones un cambio en el mandato del pueblo, que se debe respetar.

La derrota es amarga. El petro-cepedismo quiere hacer como Maturana y argumentar que “perder es ganar un poco”.

El discurso de la derrota de Cepeda muestra su alma de mal perdedor, que además de pretender invertir el resultado electoral con inocuas impugnaciones y desconocimiento del preconteo, le puso condicionantes inadmisibles de política pública y exigencias al presidente electo De La Espriella para que apoye su torticera propuesta de acuerdo nacional.  

Andrés Espinosa Fenwarth

Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *