El comunismo lleva a la pobreza y la represión. Basta ver la devastación causada en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Nunca antes la nación colombiana había enfrentado una encrucijada política como la actual. Las promesas de cambio del mesías de la Casa de Nariño resultaron ser un engaño colectivo, una grandiosa mentira política.
El legado de la administración socialista colombiana de tinte cienaguero, implementado a imagen y semejanza del Estado fallido y narcotraficante venezolano, ha generado el acelerado deterioro de la economía real y de las finanzas públicas, que a su vez se ha traducido en un azaroso aumento de la deuda externa de 400 billones de pesos, cuyo servicio y vencimientos de capital superan las proyecciones de inversión estatal para el 2029.
La realidad es que, en su afán populista y derrochador, el gobierno hipotecó el futuro fiscal y financiero del país, situación que se ve agravada actualmente con el doblete de una legislación inconstitucional de emergencia económica implementada por decreto, que atenta de forma directa contra la división de poderes y el empresariado que generan empleo y riqueza.
La aplicación de las ideas revolucionarias del exmilitante del M-19, plasmadas en la paz total con impunidad, le han entregado a los narcos y guerrilleros traficantes 70% del territorio nacional.
Las recetas socialistas del iluminado del petrismo han desatado la corrupción oficial y el deterioro ostensible de la salud pública, la educación, la construcción de vivienda popular para los mas necesitados, el desmantelamiento sistemático de la primera empresa del país -Ecopetrol-, el abandono del agro y de la explotación de gas, petróleo, carbón y otros minerales no energéticos, el desarme de las Fuerzas Armadas y la inteligencia militar, el extravío de la Cancillería y el quebrantamiento de las relaciones internacionales con EE. UU., Israel y nuestros vecinos andinos, Perú y Ecuador.
Los problemas de nuestro tiempo que atentan contra los fundamentos de la nación y la democracia colombiana, demuestran que el socialismo trasnochado y fallido de la satrapía venezolana aplicado en nuestro país, conllevan -aquí y allá- penuria y destrucción del aparato productivo y del tejido social.
El candidato comunista a la presidencia del petrismo planea convertir al país en una zona de resistencia y estatización programada del modo de producción capitalista y empresarial. El comunismo criollo, cuyos oscuros abrevaderos ideológicos se nutren del castrismo y del estalinismo, buscan la captura de las instituciones a través de una Asamblea Constituyente.
Esta es la quintaesencia de la filosofía del colapso institucional y social que nos quieren imponer desde palacio. Como decía Margaret Thatcher, el comunismo lleva inevitablemente a la pobreza y la represión.
Basta ver la devastación causada por las ideas de Fidel en Cuba, Venezuela y Nicaragua, con los niveles de miseria más elevados de Latinoamérica y la carencia absoluta de libertades ciudadanas, económicas, políticas y de prensa. ¡En los comicios de 2026, dígale NO al comunismo en Colombia!
ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH
Miembro del Consejo Directivo del ICP.
andresespinosa@inver10.co