Colombia era feliz con su sistema de salud, hasta que llegó la ideología del cambio y la estatización del régimen.
Antes de la llegada al poder del petrismo y sus arcángeles del mal, Colombia tenía un sistema de salud que era reconocido a nivel global como un ejemplo a seguir.
La Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y la prestigiosa revista médico-científica, fundada en Londres en 1823, The Lancet, elogiaban el régimen nacional de salud por la cobertura del 99% de la población colombiana, la calidad de la atención y el bajo presupuesto de gasto de las familias en salud. Colombia era feliz con su sistema de salud y no lo sabía.
Hasta que llegó la ideología socialista del cambio y la estatización forzada del régimen de salud, que a pesar de tener problemas apreciables pero solubles, optó por arrinconar a los operadores privados, que construyeron en tres décadas el segundo mejor sistema nacional de salud de Latinoamérica, después de Costa Rica.
Hasta que aterrizó la petrosalud y derrumbó sus cimientos. Luke Taylor, del British Medical Journal, hace un acertado análisis sobre como la política gubernamental destruyó nuestro sistema de salud. El primer empellón fue el proyecto de ley de reforma a la salud de 2023, que pretendía marginar a las entidades promotoras de salud, EPS privadas, para reemplazarlas por una administración socialista controlada por el Estado.
En vista de su estancamiento en el Congreso, la regencia de alcornoque decidió emprender un segundo atropello, la reforma a la salud por decreto, que incluyó la intervención forzosa y el control de aseguradores privados (como la Nueva EPS y Sanitas; esta última, devuelta posteriormente muy maltrecha a sus dueños por orden de la Corte Constitucional, que anuló su intervención).
El tercer empujón gubernamental bloqueó los giros a las EPS y amplió las intervenciones forzosas hasta controlar el 60% del régimen nacional de salud. El cuarto torniquete estatal promovió la desfinanciación estructural del sistema de salud para los regímenes subsidiados y contributivos, a través de menores reconocimientos de la unidad de pagos por paciente, con lo cual, según Taylor, las EPS actualmente reciben 100 pesos por cada 109 pesos que gastan por paciente.
La alianza empresarial creada por la Fundación Santa Fe y el Grupo Corona, Así Vamos en Salud, estima que entre 2023 y 2025, el déficit patrimonial del sistema de salud se triplicó al pasar de -4,7 billones de pesos a -15,8 billones de pesos, sin tener en cuenta la Nueva EPS, intervenida por el gobierno.
En igual período, se duplicaron las reclamaciones por la deficiente atención, se triplicaron las tutelas reportadas por la Corte Constitucional y se aumentaron los gastos de los hogares en salud y medicamentos en 10,5 billones de pesos anuales, según el Dane.
Razón tiene razón Luke Taylor cuando afirma que “se han puesto en riesgo millones de vidas y la gente está muriendo”.
ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH
Miembro del Consejo Directivo del ICP andresespinosa@inver10.co.