Podemos ejercer libremente ese derecho, por definición, conlleva la obligación de votar informado y en conciencia.
La Constitución Nacional determina que el voto es a la vez un derecho y un deber ciudadano. Por estas calendas, cada cuatro años, nuestros connacionales mayores de edad, debidamente inscritos en la Registraduría, podemos ejercer libremente ese derecho que, por definición, conlleva la obligación de votar informado y en conciencia a favor del partido o candidatos de su preferencia, sin coacción alguna por parte del gobierno o las autoridades electorales competentes.
Antes de proceder a los centros de votaciones, es imperativo tener claro que las escogencias electorales cumplan con unos mínimos políticos que garanticen la preservación de la democracia e impidan que el comunismo estalinista de inspiración castrista se tome las riendas del ejecutivo -el poder presidencial- o del Congreso Nacional -el poder legislativo.
Es menester recordar que el libre ejercicio del voto en los comicios del próximo domingo, ocho de marzo, hace parte de las libertades públicas de Colombia que sustentan nuestra democracia, cuya legitimidad depende igualmente de la preservación de las libertades económicas, políticas y sociales, de prensa, de culto, de reunión, e incluso de protesta en forma pacífica.
La democracia colombiana depende del mantenimiento de la separación de los poderes públicos, la independencia de la rama judicial -incluida la Fiscalía General- los organismos de control, el Banco de la República, los gremios empresariales, la educación y el régimen de salud privados, las cámaras de comercio, el sistema financiero, seguros y pensiones.
El ocho de marzo se eligen los delegados nacionales en el Senado de la República y la Cámara de Representantes para el período legislativo 2026-2030. El día de las elecciones, el colombiano es soberano y en virtud de lo anterior decide el destino de la Nación, nadie más.
Mis preferencias políticas en estos comicios legislativos apoyan por entero al Centro Democrático, un partido político de trayectoria nacional y regional, que cumple a la letra con todas las expectativas enumeradas anteriormente. Una congregación política que ha tenido que sortear el cobarde magnicidio del precandidato presidencial más opcionado, Miguel Uribe Turbay, y la ordalía y la persecución política durante siete años contra su faro fundador, Álvaro Uribe Vélez, por la izquierda comunista criolla.
El ocho de marzo es el día de las tres consultas interpartidistas que cambiarán el horizonte político. La Gran Consulta, Frente por la Vida y Soluciones eligen cada una entre los 16 precandidatos a los más votados para ir la primera vuelta presidencial con el apoyo vinculante de los demás precandidatos.
Las consultas interpartidistas contribuyen decisivamente a depurar el panorama presidencial, totalmente enrarecido por un centenar de precandidatos por firmas -la mayoría sin cauda electoral- dado que una rúbrica callejera no se le niega a nadie. Mi voto va por Paloma de la Gran Consulta, que espero vuele muy alto.
Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co
Andrés Espinosa Fenwarth
