El Destacamento de Fuerzas Especiales Delta de Estados Unidos, conocido como Fuerza Delta, ejecutó la semana pasada una operación militar y estratégica de captura, extracción y entrega a la justicia estadounidense del capo narcoterrorista del Cartel de los Soles y usurpador del poder presidencial de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores.

La exitosa remoción quirúrgica de la familia Maduro, ordenada por el presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Donald Trump, es un parteaguas para Venezuela y un campanazo de alerta para las dictaduras de izquierda de la región. Especialmente para aquellas satrapías que llevan décadas apoltronadas en el poder presidencial y para los comunistas trasnochados criollos que planean convertir a Colombia en un recipiente del comunismo y en un santuario del narcoterrorismo internacional, a imagen y semejanza del fallido chavismo y madurismo venezolano.

En Latinoamérica somos testigos de excepción del surgimiento de un nuevo orden internacional, que capitanea con pulso firme y determinación férrea el presidente Trump. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada por la Casa Blanca hace un mes, se fundamenta en la antigua Doctrina Monroe de 1823, que pregonaba el rechazo a la injerencia extranjera en el área de influencia de Estados Unidos y lo amplia a los “intereses fundamentales de seguridad nacional de Estados Unidos”.

La Estrategia de Seguridad Nacional advierte que la diversidad de intereses estadounidenses hace imposible adherirse, de manera rígida, al no intervencionismo. La extracción de Maduro es el reflejo de este principio cardinal, considerado esencial para ponerle fin al narcoterrorismo y al tráfico de drogas en la región, agravados desde hace décadas por las actividades terroristas del movimiento armado palestino Hamás.

La Estrategia de Seguridad Nacional propone un rebalanceo de la presencia militar global para concentrarse en las amenazas a la seguridad nacional en el Hemisferio Occidental. Para ello, desarrollan una presencia más activa de la Guardia Costera, la Armada y la Aviación estadounidense en la región para controlar las rutas marítimas ilegales, frustrar la migración ilegal, el tráfico de personas y de drogas ilícitas.

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