Estamos frente al traslado del eje criminal de Cuba a Venezuela… Ahora viene el narco-comunismo por Colombia.
En una entrevista exclusiva para la investigadora Sabina Nicholls de Diálogo Américas, Carlos Sánchez Berzaín, director del Instituto Interamericano para la Democracia (IID) explica que, durante lo corrido del siglo XXI, el narcoterrorismo dejó de ser un fenómeno focalizado para sustituir a la política supuestamente progresista, mediante la actividad criminal en Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.
Así pues, los criminales locales pasaron a operar como narcoterroristas amparados por el derecho internacional, con inmunidades y privilegios diplomáticos, que les han permitido expandirse más allá de sus fronteras.
Desde 1970, Fidel Castro y el Che Guevara pensaban que “el narcotráfico era un instrumento de lucha”. De esta manera, dice Sánchez, pasamos de la Guerra Fría de los años 60 a la subversión de los 70, posteriormente a la guerra de guerrillas de los 80 y luego a la guerra híbrida del presente siglo.
La evolución de la guerra híbrida, que combina tácticas convencionales y no convencionales, tiene como epicentro a Venezuela, Nicaragua y Bolivia, estrategia que se ha traducido en ataques directos contra las democracias de Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
Su instrumentalización abarca todas las formas de lucha: éxodo forzado de 8 millones de venezolanos; narcotráfico internacional, controlado por las Farc, el ELN, el Cartel de Sinaloa, el Clan del Golfo y el Cartel de los Soles; terrorismo nacional; operaciones delictivas de los Maras en Centro América y del Tren de Aragua en el hemisferio.
Según Sánchez, la expansión del narcoterrorismo pretende “debilitar las democracias, atacar liderazgos democráticos, destruir estructuras políticas y, a la vez, financiar el ascenso de sus propios dirigentes”.
El punto de inflexión se da con la muerte del autócrata Hugo Chávez en 2013 y el ascenso promovido por Cuba del dictador-pelele, Nicolás Maduro. Desde entonces, Cuba asume el liderazgo de los narcoestados socialistas. Como consecuencia, el “narcotráfico se profundiza, se sistematiza y se institucionaliza”, afirma Sánchez.
Para comprobar lo anterior, vale preguntarse, como hace Sánchez: ¿Quién protegió las guerrillas narcoterroristas colombianas en el siglo XXI? Cuba. ¿Dónde se negoció el acuerdo de paz entre las Farc y el Gobierno colombiano, incluso después del rechazo mayoritario en las urnas del plebiscito en su contra? En La Habana.
Con el pasar del tiempo, Venezuela pasó de ser un Estado petrolero, cuya explotación abandonó, para convertirse en una amenaza global cimentada en el narcotráfico y la exportación de uranio a Irán. La realidad actual es preocupante.
Estamos frente al traslado del eje criminal de Cuba a Venezuela. A diferencia de los años 1990, cuando los narcos financiaban a los políticos, como ocurrió en Colombia con Ernesto Samper y en Ecuador con Rafael Correa, actualmente los narcos son el poder. Nicolás Maduro en Venezuela, Miguel Díaz-Canel en Cuba, Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.
Ahora viene el narco-comunismo por Colombia. ¡No pasarán!
ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH
Miembro del Consejo Directivo del ICP. andresespinosa@inver10.co