Desde hace 15 años, Estados Unidos ha procurado la búsqueda de fuentes confiables de información al interior del régimen dictatorial de Venezuela, fraguado por el finado comandante Hugo Chávez y profundizado por el autócrata caribeño, Nicolás Maduro. Los primeros intentos de Estados Unidos se dieron con el pedido de extradición del narcotraficante venezolano, Walid Makled, a comienzos de la pasada década, que a pesar de la autorización de la Corte Suprema de Justicia, fue extraditado por Colombia a Venezuela en 2011. El segundo caso, también frustrado, tiene que ver con Alex Saab, colombiano de origen, aliado cercano a Maduro, acusado de lavado de dinero por la Justicia estadounidense, que la ingenua administración de Joe Biden entregó a Venezuela.

La tercera intentona fue la vencida. El apresamiento en España y la extradición a Estados Unidos de Hugo Carvajal, alias el ‘pollo’ -general de tres soles del ejército venezolano, director de Inteligencia Militar y diputado socialista de confianza de los tiranos Chávez y Maduro-, le ha permitido a la justicia norteamericana armar el rompecabezas de la transformación de Venezuela, por parte del sátrapa Chávez, en una organización narco-criminal, dirigida actualmente por el tirano Maduro, Diosdado Cabello, su segundo a bordo, y una docena de altos funcionarios corruptos. Carvajal, actualmente preso en Estados Unidos, se declaró culpable de conspiración y narcoterrorismo, pendiente de sentencia en febrero de 2026.

En una reciente misiva dirigida al presidente Donald Trump, Carvajal señala que el objetivo de la organización narcoterrorista venezolana, conocida como el Cartel de los Soles, es promover el tráfico de drogas contra Estados Unidos. Este plan, dice Carvajal, fue sugerido por Cuba a Chávez a mediados del año 2000, el cual se ha “ejecutado con éxito con la ayuda de las Farc, el Eln y Hezbolá”, que operan desde Venezuela con impunidad.

Carvajal fue testigo de la organización y formación de bandas criminales desde las cárceles venezolanas, conocidas como el Tren de Aragua, cuyo radio de acción amplió Maduro para desestabilizar, política y económicamente, el hemisferio.

La dictadura venezolana es un peligro para la seguridad nacional y la democracia regional.

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