Negar la hispanidad es un error histórico, como la torpe vandalización del monumento a los Reyes Católicos.
El revisionismo histórico promovido insistentemente por los gobiernos socialistas de los presidentes mexicanos pertenecientes al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés López Obrador y Claudia Sheinbaum se ha centrado en la exigencia de un pedido de perdón a España por la “invasión” de la conquista de América.
Después de varios lances de rechazo inicial a la absurda reclamación por el descubrimiento de América, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, declaró en forma sorpresiva, inconsulta y timorata, que era “justo reconocer y lamentar” que la conquista en México “produjo dolor e injusticia”.
A pesar de la medrosa rectificación del canciller, la presidente Sheinbaum manifestó que agradecía el gesto de humillación, pero que esperaba que lo hiciera el rey. Con razón, y especialmente sin ella, como en el célebre grabado de Goya del Museo del Prado, el ministro Albares borró de un plumazo -propio de un régimen populista de izquierda- un antiguo y trascendente pasado histórico para congraciarse con una nación dirigida por socialistas anacrónicos, que objetan, vergonzosamente, su hispanidad.
Al hacerlo, al rechazar su hispanidad, como afirma el laureado ensayista mexicano, Gonzalo Celorio, ganador del Premio Cervantes 2025, los mexicanos “niegan su identidad”. Es como oponerse al descubrimiento de América por el navegante Cristóbal Colon en 1492, que incorporó a la civilización europea nuevas tierras, recursos, conocimientos y culturas, hasta entonces olvidadas por la mano de Dios.
La conquista española, a diferencia de la colonización inglesa, se identificó por su carácter integrador, sin perjuicios ni reservas. La prueba reina ha sido el mestizaje y la evangelización, que desde entonces, han sido fuente de aglutinación de América española.
Ahora bien, la adopción de una mezcla lingüística de culturas en un idioma común, el español, les ha dado gloria a las letras latinoamericanas con prestigiosos escritores con premios Nóbel, Alfaguara, Nadal y Planeta, que son patrimonio mundial. Nuestra orgullosa identidad hispanoamericana es hoy un todo, redondo y complejo, que funde en un sublime crisol lo mejor de las dos culturas.
Hasta el punto que el español no es el idioma de la conquista, es la lengua de las gestas de independencia de América y de nuestro presente republicano. El español es la palabra común, es a la vez contemporáneo y futuro cultural, como naciones hispanoamericanas que somos.
El largo trasegar histórico de Iberia a Hispania en la era romana, y de allí a la España medieval y moderna, no solo nos ha acompañado por más de cinco siglos, sino que nos ha trasmitido cultura, ciencia, religión, costumbres y saberes, que contribuyen a explicar lo que somos y proyectan lo que seremos en los años venideros. Negar la hispanidad no es un crimen, es un error histórico, como lo fue la torpe vandalización del monumento a los Reyes Católicos en Bogotá.
Andrés Espinosa Fenwarth
Miembro del Consejo Directivo del ICP.
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